viernes, 10 de agosto de 2007

EL AHIJADO DE LA MUERTE

En un pueblo que había al pie de un bosque pos vivían la mayoría de los habitantes de la leña que sacaban y del carbón que hacían del bosque, de tantos árboles como había. Y había un matrimonio que tenía un hijo y vivían ellos mu agustico en su casa, el padre echando el horno de carbón, el hijo ayudándole, lo propio.
Pasa el tiempo, se muere el padre y se quea el hijo echando los hornos de carbón. Y pasa el tiempo, se muere la madre y se queda solo. Entonces bajó al pueblo, siempre tenía sus amistades con las muchachas, y una muchacha que le gustaba que también él le gustaba a ella ¿no?, se compenetraban, total que se casaron y se fueron a vivir a la casita del bosque. Pasa el tiempo y la cigüeña les trajo un niño mu hermoso y dice ella:
- Ay que ver, estamos aquí distanciaos del pueblo, mu lejos, ¿mique si viniera la muerte y nos bautizara al niño?
Pom la muerte.
- Vengo a lo que has dicho, a bautizate a tu niño.
Efectivamente, fue la comadre, bautizó al niño y se fue. Ya pos no se acordaba nadie de nadie, de su madrina ni na, na más que el niño, pos lo propio de los críos, jugando, chiquitico, haciendo cosicas... en fin, pero siempre solico él porque vivían solos en la casita del bosque.
Y pasa el tiempo y ya el niño se pone a ayudale en los quehaceres al padre; tenían una mijica de güerta, de un chorrico de agua que venía, pos le ayudaba en la güerta, hacía la sementera, le ayudaba a echar hornos de carbón, a preparar las cargas de leña... Vivían mu agustico en la casa. Pasa el tiempo y ya llega él a la mayoría de edad, a los ventiún años, y entonces al mismo cumplilos se presenta la madrina. Ya no se acordaban casi de la madrina ni na, y claro, les impresionó.
- ¿A donde vas madrina?
- Pos nada como hoy es el día ya de tu mayoría de edad, ya eres un hombre, pues vengo a hacete una gracia pa que tú vivas de tu trabajo.
Pos bueno ya se sentaron allí, echaron el rato, comieron más o menos, en fin lo que tuvieran gana, lo que la mujer pudo aviar. La cuestión es que ya pasa la tarde y le dice la Muerte:
- Yo no puedo parar, yo no puedo parar, estoy aquí, allí, más allá... estoy en to los sitios y a to las horas. De modo que me voy, que el rato que estoy aquí es un rato que me lo estoy quitando yo misma también. De modo que quedaos con Dios y ya sabes lo que tienes que hacer, tú vas a ser médico y tú entras a ver un enfermo y por malo que esté o por bueno que esté, cuando tú me veas a mí en los pies ese es tuyo y cuando tú me veas en la cabecera, ese es mío esté como esté de bueno o de malo.
De modo que no hagas na que ese no tiene hechura así que ya lo sabes. Pos claro, ya se despidieron besó a su ahijado, el ahijado besó a su madrina. Pasa el tiempo y uno en el pueblo se pone malo:
- ¿Cucha? Sa puesto fulanico malo y cuando han venío aquí al pueblo la familia del leñaor, así como vienen de higos a brevas, resulta que el hijo es médico.
- ¿Y qué estudios ha tenío? ¿Y quién le habrá pagao los estudios? Digo que se podrá ver lo que sea el fulano... pero en fin, sa puesto malo y no hay médico ninguno por aquí cerca. Vamos a llamalo a ver.
Conque preparan los apechusques, va a por él, viene, entra al cuarto y se fija en la cama y la ve a su madrina en los pies. Y dice:
- Ah, no tiene na, eso no tiene importancia. Le das una taza de manzanilla de la sierra, se la toma y con eso tiene bastante; lo veáis como lo veáis eso no tiene importancia, con eso se pone bueno.
Pos pasaron muchos días y no salía del mal pero no moría tampoco. Claro si la había visto a las patas.
- Mas vale ir a llamalo otra vez.
- No, pos si dijo que no se le llamara.
Bueno, tira que afloja, que lo llamo, que no... total que hicieron caso de no llamalo. Y se pone bueno. Pasa el tiempo y otro lo mismo. Y la misma operación, llega a la casa, se mete en la habitación, mira y estaba en la cabeza. Y dice:
- Este no tiene hechura. ¿Qué le voy a mandar? No puedo recetale nada, ¿qué le voy a mandar? Yo no puedo recetale nada, no le va a servir de na. Si es una hora o cinco horas o lo que sea, es lo que puede durar, pero este se muere.
- Fulanico, haz lo que sea... Mándale algo, alguna medicina, siempre habrá algo por ahí, alguna cataplasma, algún algo de las yerbas cordiales que hay...
- Nada, no puedo mandale nada porque es que no tiene hechura. Pueden llamar a quien quiera... que no.
Pilló el camino y se fue y a poco pues que se murió. Y sigue pasando tiempo y ya había hecho unas cuantas curas.
- ¡Caramba! Pos sabes que acierta. Si dice que vive, pos nada, pase lo que pase que vive; si dice que se muere, pos na, que se muere. Hay que ver el golpe clínico que tiene el muchacho.
Conque se pone uno una mijilla resfriaíllo y le dice otro en chirigotas:
- ¡A ver si tenemos que avisar a fulano! No vayas a morite ahora... Que venga a ver lo que tienes.
- ¡Bah, yo voy a morime conforme estoy...!
Total que van en la juerga y vuelve a toser un poquillo.
- Sigue sigue...
Le dice otro. Y a esto, coincidencia, viene él de anda viniera el hombre, de dar una vuelta, y le dice:
- Escucha, no ves este que no hace más que toser.
Lo mira de pies a cabeza y vio que la muerte estaba en la cabeza. Y dice:
- Pos sí, se muere.
- ¿Qué dices fulano?
- Nada nada, que se muere. Llevalo a la casa que a lo mejor no os da tiempo.
Y efectivamente pues se murió.
- Ay que ver lo que sabe, digo que no tenía na y dijo que se moría ¡y que sa muerto!
Y llegó un caso que uno de los caciques del pueblo estaba mu malo y ese no creía en que ese muchacho pos supiera eso.
- Si ese hombre no ha tenío estudios, ese no puede saber.
En fin, el le echaba de to lo más malo lo peor.
- Pos fulano, que venga y que te vea... Si estás ya medio muerto, si eres cadáver.
- Pos que venga y me vea.
Conque entra y la ve en los pies de la cama.
- No, si esto no tiene importancia.
- Pero hombre, si está medio muerto. ¿No tiene importancia?
- No, no tiene importancia. Sufrirá un poco más o menos, un día o tres días o cinco días pero el remate es que se pone bueno. No hay peligro, que sus lo digo yo que no hay peligro que se muera.
- Pero hombre, si está medio muerto, ¿cómo no se va a morir? Si ya es que no tiene...
- Nada, nada, que yo os lo digo, que no se muere. De aquí a dos o tres días empiezan a dale una mijica caldico a poquito a poco, que se pone bueno.
Y no hace él na más que mirar adonde estaba la madrina. Pos na, pilla el camino, se va, y efectivamente, a los tres días empiezan a dale una tacica caldo, luego una mijica de más... en fin, se puso echo un palmito. Pos ya no necesitaba el padre ni cuidar la granja, ni acarrear leña, ni echar hornos de carbón, porque ya le daban mucho dinero de alegría y contento to los que se salvaban. Pero claro, en esta vida pos to tiene lo suyo.
Pasa el tiempo y ya había adquirío él una popularidad pos mu grande; ya no era en el pueblo, ya era en to la provincia, y ya sigue la popularidad y ya era en to la comarca; y ya sigue la popularidad y ya era en tos laos pos en busca de fulano. Llegaban a la casa, ya vivían en el pueblo, tenían una buena casa, llegaban a la casa:
- ¿Está fulano?
- Pos no, está por ahí de visita, ya vendrá.
Pues esperaban.
- Pos que hay un enfermo.
Llegaba y se fijaba en donde estaba su madrina. Si la veía en los pies decía:
- Nada, nada, eso no tiene importancia. Eso de aquí a dos o tres días sa pasao.
Pero si la veía en la cabeza lo que decía era:
- Pues no tiene hechura.
- ¿Si no es mucho lo que tiene? Se ve que no es muy fuerte, es una cosa pequeña... Mándale usté algo.
- ¿Qué le voy a mandar? Si es que no tiene hechura.
Conque pasa el tiempo y un día se pone la princesa, la hija de los reyes de la nación que no tenían más que esa hija, se pone mala. Y no se ponía buena ni pa Dios, na más que un día más achuchá, otro menos pachucha y más bien a peor, y más bien a peor...
Y van y lo llaman. Pos lo que es una habitación de una princesa, pos ya verás, su cama, su princesa allí y to las doncellas que tenía y tos con la boquita abierta esperando que llegara el médico a ver ¿no? lo que decía. Entra el médico y mira así y la ve en la cabeza. Y le dice el rey:
- Si la salvas te casas con ella.
Pos ya ves tú, él de que le dicen eso pos na, se acerca a la cabeza y le dice a la Muerte:
- ¡Madrina, que me caso con la princesa!
- Tú no te casas con la princesa, la princesa es mía. No te lo dije, fue lo primero que te dije, que cuando me vieras en la cabeza era mía y cuando estuviera en los pies era tuya, el enfermo que sea.
De modo que esta está en la cabeza y es mía.
Pos nada, la gente decía:
- Hay que ver, ¿qué dirá este? Está como runruneando como si estuviera él cavilando.
Claro ellos no podían dase cuenta de lo que era ¿no comprendes? Conque él venga andar p’acá y p’allá y vuelta p’acá, vuelta p’allá, paseo por aquí, paseo por allí. Y mira a la cabeza y la madrina no se iba ni pa Dios, esa era suya. Conque va y dice:
- ¡Que cojan a la princesa y que le den la vuelta! ¡Pa donde tenía la cabeza que pongan los pies y pa donde tenía los pies que pongan la cabeza!
Bueno, pos empiezan a arreglar las cosas y él siempre veía el Valle de la Vida, donde cada vida era una vela, la vida que estaba avanzá estaba la vela más gastá, la que estaba menos avanzá estaba la vela más grande ¿no? y así veía to entero el Valle, veía él to las velas, la vida. Y los vacíos que había de los que morían y los vacíos de los que tenían que nacer en el Valle de la Vida. Y estaba viendo eso y veía la vela suya.
- Está ya, ahora no hay peligro.
Entonces va la Muerte y le dice:
- Mira, yo no pierdo ripio, me las cambiao, ella vivirá por ti, pero tú mueres.
Y entonces él echa correr y ve que su vela que estaba grande de pronto se consume. Y sale corriendo pa llegar al Valle de la Vida y sostenela y que no se apagara del to y al mismo llegar al pie de la vela se apagó, dio un porrazo en el suelo, cayó y se quemó. Entonces fue la madrina, se lo llevó a su casa, lo cogió en brazos y lo depositó en su casa. Ya le hicieron el velatorio, lo enterraron y la princesa se queó pos viva pero sin la ilusión de casase, como hubiera querío él casase con ella.